Teatro y memoria se funden en este unipersonal que cuenta la vida de Julia y sus traumas. Sucede en una casa por la que también pasó la historia del país.
Una cadena de casualidades –o no tanto– los hizo coincidir, una tarde con llovizna, en el mismo punto: sentían ganas de empezar a tramar una obra que vinculara la historia de la Argentina con el teatro. Así empezaron a gestar “Pescado linterna”, una propuesta que, en cuarenta y cinco minutos, pasa por emociones diferentes, transita géneros diversos y, como este mismo país, recorre momentos menos angustiosos y otros desesperantes.
Daniela Cimminelli y Nicolás Maggi, actriz y director de esta nueva propuesta respectivamente, coescribieron la dramaturgia y juntos crearon el personaje de Julia, una chica de los años 80 con comportamientos alterados que recorre una casona de 1910. Y ahí aparece el segundo personaje de la pieza: la casa. Porque la historia transcurre en una casa, no en una sala de teatro convencional.
Ubicada en el macrocentro de Mar del Plata, la casona abre su living a solo veinte personas para que conozcamos cómo vive esta chica de edad indefinida y con un trauma personal a cuestas y otro social. Es un libro de Freud el que ampara esos dos traumas.
El unipersonal parece inseparable de esa casa de techo alto, paredes amarillas, dueña de un silencio inquietante y cuya dirección se da a conocer una vez que el público confirma su reserva a través de la cuenta de Instagram de la obra: @pescadolinterna.
“Pescado linterna” subirá a escena este viernes a las 21.30 con reservas realizadas por anticipado. Cimminelli y Maggi estrenaron en febrero tras seis meses de arduos ensayos y suben a escena una vez por mes.
“Esa es la casa donde yo viví”, comentó Maggi, en una entrevista junto a Cimminelli en LA CAPITAL. “Viví ahí desde mis 5 años hasta los veintipico”, siguió. Y ella agregó: “Es una casa que yo conozco de los cumpleaños del secundario”.
Ahí la primera casualidad: ambos compartieron los años del secundario en el Colegio Illia, pero ya no se veían. Desconocían que el teatro estaba entre sus intereses. Ella es egresada de la Universidad Nacional de las Artes, en Buenos Aires. Y él, de la EMAD marplatense y ahora está muy cerca de recibirse de psicólogo.
“No éramos íntimos amigos, el vínculo de amistad vino después, cada uno fue haciendo su formación teatral por su lado y nos reencontramos a fin de 2018”, recordó Daniela.
La segunda coincidencia apareció con la misma casa. En el mismo lugar donde cuentan la vida de Julia, Nico hacía reuniones del centro de estudiantes del secundario, de una ONG de la que participó, después de una agrupación política y supo que mucho antes de que la casa fuera de su familia, un grupo militante se reunía en ese domicilio en los años 70. De alguna manera el país pasó por ese living.
“A uno le pasa, cuando empezás a armar un proyecto, que ciertas alarmas se te empiezan a despertar y a activar y empezás a escuchar conversaciones y charlas sobre ese tema”, comentó el director. “Como cuando tenés algo en mente y lo empezás a ver en todos lados”, agregó la protagonista.
—¿Y qué les parece que aporta al teatro hacer obras en espacios no convencionales?
Maggi: Hay un texto teatral de Peter Handke, que creo es del cuarenta y pico, que habla de que todo ya está creado. Yo siento que todo está creado, todo está inventado. Pensar la obra de esta forma no convencional nos lleva a querer hacer algo distinto. Algo que ya existe, obviamente, no somos los primeros en hacer una obra en una casa, no somos los primeros en un montón de cosas, pero sí en aportar algo distintivo desde este lugar.
Cimminellli: La experiencia es otra. No es lo mismo entrar a un teatro donde todo el tiempo te recuerda que estás en el teatro, porque ves las butacas, los sonidos, es otra atmósfera. Acá vos entrás por el pasillo, llegás a un living, o sea, es una casa. Bueno, eso también lo pone al que ve en otro lugar para escuchar lo que está sucediendo.
—¿Por qué les interesa el teatro y la historia?
Maggi: Me interesa el teatro como herramienta política, como herramienta pedagógica también. Me interesa el teatro que nos narra a nosotros como lo que somos y de donde venimos.
Cimminelli: Para mí, el teatro tiene que ver con eso. Si no existe ese componente trascendental de manifestar algo, de comunicar algo, es otra cosa. Cuando uno dice la palabra política, la mayoría de la gente lo asocia con algo roto, corrupto, nocivo, a algo malo. A mí la palabra política me fascina porque yo creo que tenemos que recuperar un poco el sentido de la palabra que ‘per se’ no tiene nada que ver con lo que se entiende hoy por política. Para mí, el teatro tiene que tener esa pata en alguna parte.
—Daniela, ¿cómo fue componer el personaje de Julia?
Cimminelli: Cuando empezamos a hablar con Nico en esa charla del día de la llovizna, yo sabía que quería hacer algo donde pudiera indagar en cosas que tengo en diversas situaciones. Necesitaba un personaje para volver a encontrarme con lugares míos que habité en un momento y que ahora están resueltos, no están a la mano porque están controlados. Esos comportamientos no los puedo esconder debajo de la alfombra.